Bitácora de Visita a Aktun Tsakan

Texto por Carlos José Duarte Casillas

Fotografía por Fátima Tec Pool.
Agradecimientos especiales a Eunice Uc González y Alfredo Barrera Rubio.

Es sábado 11 de julio de 2009. Cerca de Tekax, en la zona «Puuc», al sur de Yucatán.

Cargo el agua, las cámaras y «estoy haciendo la bitácora» — molesto y distraigo a todos grabando audio con el celular: el ex-comisario — Gaspar Moo Pacheco; Mario Novelo y su ayudante Javier Poot; y Fátima Tec. En fila vamos todos, por un angosto caminito debajo de los árboles de chun, elemuy, koch, chaká, bo, jabin, algunos envueltos en guías de xkubenbay — 5 personas atravesando la hermosa vegetación secundaria de la selva mediana. Son las 10:00am.

15 minutos después, ya llegamos a Aktun Tsakan. Cubierta con una reja, asegurada con un candado. De su boca le sale «vapor». Don Gaspar está brechando, cortando las ramitas que rodean a la reja, y a el bien-camuflageado, pequeño marco de concreto del cual la reja se ancla.

Cuenta Mario — «El comisario me gritó.. ‘¡Cuidado ahí está una culebra!’ …me hice a un lado, y ya la culebra empezó a entrar a la cueva.. ya entonces, tuvimos que.. matarla. Tenía como dos metros y medio de largo, y en la cola, fueron 22 cascabeles».

Mientras Mario trata de abrir el candado atascado, Fátima pregunta — «Don Gaspar, cerca de este lugar, ¿Existen montículos? ¿’Mules’?». Don Gaspar responde — «Si. También acá por el ejido de Tixmewak. Aquí, en el fondo legal, hay uno alto».

Mario prende una «estopa» de garra de algodón, mojada en gasolina, y la deposita en el suelo del pozito que forma el pequeño (2m x 2m) acceso vertical de la caverna. Arde y despide humo. La idea es ahuyentar a cualquier culebra o «bicho». «Nomás que se apague, cuando mucho unos 5 o 10 minutos», agrega Mario. A esto, Fátima indaga — «Oye Mario, ¿Y si la culebra está ahí adentro, cómo se va a ir, si no hay otra salida?». Mario responde — «Se vá más allá al interior». Yo agrego — «Nos pica después».

Con esto, Don Gaspar despide una carcajada, y agrega — «Yo he entrado, pero.. nomás como a.. 100 metros, creo.. me dá un poco de miedo. Pero los antiguos, los que venían, de antes. Porque desde antes esto lo habían visto los.. los señores que ya fallecieron. Pero.. ellos donde entraban, donde llegaban, escribían su nombre o su firma, dan alguna.. señal allá donde dicen que ya llegaron –bueno– allá llegaron. Pero eso es lo que dice Mario, que ellos nos están hechando a perder, porque.. es.. porque de antes también, ellos no utilizaban, eso.. lámparas.. utilizaban mechas, pero dejan un montón de humo.. a veces lleno de humo».

Fátima le pregunta a Don Gaspar — «¿Conoce esto? ¿Ya vió qué es?». «¿La piedra?» — pregunta Don Gaspar, que piensa tantito antes de contestar — «Es como una pila». «Ah..» — señala Fátima — «es un metate». «Parece que hay dos metates» –continúa Fátima– «Generalmente los metates están asociados a lugares domésticos o a lugares de actividad.. habitual, por ejemplo, la molienda. Entonces el hecho de que estén cerca de la cueva significaría que la gente estaba trabajando arriba de la cueva.. no sabemos exactamente en qué, pero.. hay que ver qué hay dentro para hacer comparaciones». En eso me pide la regla. Improvisa una «flecha de norte» y la coloca sobre uno de los metates, para fotografiar.

Al preguntarle, Mario me cita datos, me informa que la extensión es un laberíntico kilómetro, me recuerda que el objetivo es conocer y fotográficamente registrar las pictografías; y cándidamente confiesa que no recuerda cuantas veces ha entrado a esta cueva — «incontábles veces, muchísimas». Su sonrisa se desvanece y sus cejas bajan. Se vuelve serio. Sus ojos se mueven de lado a lado, como repasando una lista mental. Voltea a ver a Don Gaspar.

Finalmente, hago la pregunta — «Don Gaspar, ¿No se va a meter ni tantito?»

«No, ¡nada! ..Es que, no sé si tiene agua mi ganado.. Es que se me hechó a perder la bomba, ahorita lo estamos sacando pero con soga. Ayer como fuí en la cita de mi hijo en oxcutzcab. No sé qué hicieron los chavos. Qué hicieron allá. O no hicieron nada… y necesito ir..»

«Está bueno, Mario». «Bueno, nos vemos más tarde». «Si no salimos, más al rato nos viene a buscar». «Llamo a los bomberos». «Mandas a médico forense». Todos carcajeamos. La despedida es amena.

Comenzamos a prepararnos para entrar. Mario, que deja sus cosas afuera, es el primero. Sigue Fátima, luego Javier. Mientras esperamos nuestro turno, Javier me dice — «7 …8 con esta». ¿Y cual es la más bonita? «la de.. Xmait, por la bajada que tiene, por el tunel». Entra; y luego sigo yo.

Entro de piez-para-adelante, jalando el «kitbag» por atrás. Después del pozito, la estrecha gusanera se extiende hacia el noreste. Lodo y tierra, la cual se torna asombrosamente caliente, debido a las brasas que permanecen de la «estopa» ahuyenta-vívoras, y humo. Mucho humo. El cual obliga a Mario a pedir que aventemos la «estopa» hacia el exterior, pero ya es demasiado tarde y Javier y yo optamos por extinguir las brasas, sofocándolas con piedras.

Hechas con tizne de antorchas, el techo de la segunda galería tiene evidencia de escritura con alfabeto latino.

Más adelante, a las 10:46am, nos encontramos una cruz.

Le pido a Fátima sus impresiones.

Fátima — «Ah, pues.. esta cruz me recuerda mucho a la arquitectura ¿no? Este tipo de.. por ejemplo, las celosías, aunque no es una celosía en sí, me recuerda más a una cuestión arquitectónica, pero pues también puede ser algo simbólico — y de hecho Alfredo Barrera dice que éstas cruces están asociadas al inframundo. Sin embargo.. sería buscar.. para ver si realmente, existe esta relación, porque en Usil, por ejemplo, tiene esas cruces. ¿Has ido a Usil, Mario? Igualita hay en Usil. Son dos cuevas que están compartiendo esta misma característica».

La cueva se vuelve laberintosa y estrecha.

Terminé quitándome el «kitbag» de la espalda y utilizando un viejo mosquetón para anclar la bota a la agarradera superior del «kitbag», para así jalarla atrás de mí con el pie, y poder deslizarme mejor por las gusaneras.

Mario — «Hace más de 10 años que vine a explorar esta cueva, por áhi por el ’99. Su reto principal fué su recorrido, porque es alrededor de 1,300 metros de puro laberinto, a gatas. Me lo aventé sin hilo, sin croquis, nada. Gracias a dios, no me perdí.

Mi ilusión, cuando entro a una cueva, es llevarme una sorpresa. Y depende de la zona. Aquí tal vez encuentres yacimientos de agua, pero es por filtración. Sabak ja’, Hom y Chocantes, son las únicas que tienen manto friático. Igual que las pictografías, la morfología de esta cueva, no es muy común.

No tengo contabilizada la cantidad de pictografías que tiene la cueva. Yo esto lo reporté al INAH y el INAH es el que vino a hacer el estudio. El INAH hizo la topografía completa. No creo que haya desarrollos por explorar. No hay continuidad. Llegamos de tope a tope. Me dijeron que por el tipo de pintura y todo esto, que supuestamente es muy importante y que es prehispánico, que databa de 600 a 900 años después de Cristo.»

Fátima — «¿Del Puuc, no?»

Mario — «Ajá»

Fátima — «Si, yo leí el artículo de Stone y ella dice que esta cueva está catalogada para el Puuc»

Mario — «Si ..pues, yo como aficionado de la espeleología, pues es doble esta recompensa, que, pues tal vez Dios y los Dioses del Inframundo, me conceden, este milagro de encontrarlos y valorarlos, más no saquearlos. Porque, en un futuro no lejano, esto puede ser un detonante, para fuentes de ingreso para la comunidad.»

Mario y Fátima comentan sobre un perfil.

Fátima — «¿Cómo lo ves, Mario? Es un personaje. Ésta cosa es su ojo. Ésta cosa chueca: su nariz. La boca, como que la lengua le está desangrando o algo así».

Mario — «Arriba es como si fuera un penacho»

Fátima — «Exactamente, tiene un penacho, y este.. atrás no tiene muy marcado la zona de las orejas»

Mario — «Más adelante es más grande, en negro, así como este.. tiene como tipo espiral»

Algunos metros de avanze hacia el norte. Mario nos invita a pasar hacia un pocito con un desarrollo noreste. Mientras su techo se levanta –permitiéndonos caminar parados– sus paredes se cierran, volviendo estrecho al pasadizo. Después de una enganchada curva, llegamos a una antesala.

Mario le pregunta a Fátima sobre una cruz rodeada de numerales, similar a la ba gua, encontrada en el techo.

Mario — «Acá vemos esta cruz, tiene unas rayitas, tiene unos puntos. ahí, pues.. me gustaría saber lo que significa. ¿Son fechas, o..? No sé»

Fátima — «Fechas no son. Son como números específicos. Creo que en el artículo de Andrea Stone, dice que esta cruz está asociada a los puntos cardinales. Voy a revisarlo y te digo. Pero, hay que considerar lo siguiente: en cada esquina, tú tienes numerales ¿Y qué es eso?. Aquí tienes 2 barras de 5: tienes 10. Aquí tienes 2 barras de 5 y 3 puntos: tienes 13. Aquí tienes 1 barra de 5 y 3 puntos: son 8. Aquí no distingo muy bien. Entonces tienes números. Pudieramos revisar y traducir el artículo de «Regional Variation in Maya Cave Art«, de Andrea Stone, y discutir sobre realmente qué es; porque en el artículo se mencionan cuevas yucatecas, pero del Puuc, aunque menciona esta cueva, con citas del trabajo de alfredo. Eso sí: no es lo mismo leer sobre algo cuando no lo conoces: esta cruz, yo solo la había visto en blanco y negro, siempre pensé que era carbón, ahora me sorprendo porque que es… ¿No parece que sean k’áankaab, verdad, Mario?»

Mario — «No, no.. no es.. »

Mario señala unas oscuras manos, impresas del lado derecho de la entrada a un estrecho pasillo — «nunca hemos entrado para allá».

El pasillo viboreó un poco, y concluyó en un atrio con unas características muy particulares.

A diferencia del karst común –que tragaba con indiferencia la luz que de tu lámpara salía y de tus overoles, guantes, casco y cara rebotaba– los colores introducidos en este nebular espacio eran opacamente absorbidos pero vívidamente reemitidos, múltiples veces entre las paredes, creando una resonancia cromática que subrayaba sus contrastantes geometrías: plantas con amplios ángulos obtusos en simetrías irregulares; y cortes con pequeños ángulos rectos en simétrías regulares. El lugar sugería ser algo así como un canyón de ranura en miniatura, aunque las represas escalonadas que marcaban las máximas de agua –que evidenciaban fluctuaciones en inundaciones estacionales– evocaban a los bordes de los gours; los cuales gradualmente se cerraban conforme su cercanía al techo, de una manera muy alusiva a los arcos korbel.

3/4 partes hacia adentro, el atrio se trifurcaba, como una planta de cruz latina. Dos cortos pero cómodos desarrollos se extendían hacia ambos lados, con el fondo de la nave orientada hacia el oeste, y los dos transeptos en el eje este-oeste.

Mario — «Pienso que esta cueva fué utilizada más bien, con fines, como.. algo sagrado ..porque acá en la superficie, en la periferia de la cueva, tenemos un promedio como de 100 basamentos, estructuras –bueno, los «mules», como le llaman a los montículos– y también tiene –a lo que yo le conté– como 30 chultunes. De hecho, cuando me dijeron de esta cueva, yo pensé que esto era un chultún. Y luego pensé que los chultunes se relacionaban con ella. Yo pienso que los sacerdotes que vivían en los centros ceremoniales en la superficie, venían para acá a hacer sus rituales».

Viendo la oportunidad tener una breve sesión fotográfica, preparamos algunas imágenes para hacer pruebas de reiluminación interactiva.

Salimos del atrio hacia la antesala. Regresamos por el estrecho pasadizo, seguimos su curva y su encogimiento, para finalmente asomarnos del pozito, y reintegrarnos a la gatera principal.

Unos metros más adelante, Fátima se encuentra con una pictografía que le llama la atención: «Esto me parece que es una estera. Hay un signo epigráfico, que es el poop. El poop es una estera.»

Después de lidiar cautelosamente con una enorme piedra balanceada, encontramos un agrupamiento estigmérgico de pictografías y petrograbados conmemorativos, con apellidos y fechas. Una inscripción particular tenía la fecha del 10 de abril de 1934, hecha por «Esteban Nat». La variedad de estilos caligráficos del alfabeto latino sugerió autorías de diversos origenes, preparaciones y periodos. Se decidió limitar el apunte de este agrupamiento solo a una referencia anecdótica en la bitácora, debido a la escacez de tiempo y al enfoque principalmente-prehispánico del fotoregistro.

En esta misma área encontramos una motivo pictográfico circular.

Se trata de un un círculo que envuelve a otro grueso, oscuramente-rellenado círculo interno. Evoca a un pecho humano femenino con una extensa, oscura areola. Este motivo lo encontramos por sí solo y también conformando un trío, el cual asemeja a un minimalista rostro, como los encontrados grabados en las paredes de la cueva de Sabak Já, en Tekax; la cueva de Xpukil y la cueva de Aktun Ceh en Opichen; Usil, en Maxcanú; y conocidos por los espeleólogos locales como «ajau».

La gatera principal llegó al final de su desarrollo y con eso, decidimos partir el retorno a la entrada. Detrás de todos, me arrastré boca abajo, el «kitbag» jalado de mi pie, siguiendo las difusas voces delante de mí.

Terminamos saliendo de la cueva a las 12:50pm. El familiar «kling-kling» de las cantinfloras metálicas nos acompañaron. Troncos caídos. La laja reflejaba el intenso calor de mediodía, volviendo a la sombra preciosa.

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